• Dr. José Martínez-Romero Gandos, logoterapeuta. Su vida en Argentina

    Hijo de inmigrantes gallegos en Buenos AiresArgentina, su testimonio tiene el interés de la universalidad… refleja las vivencias de tantos y tantos argentinos, hijos o nietos de europeos o sirios libaneses, de una actitud noble hacia la tierra de acogida...

    José Martínez-Romero Gandos, usted que habla y trata el tema de inmigración en su especialidad como Psicoterapeuta, es en sí mismo una historia de emigrantes… de ida y vuelta…

    Hijo de emigrantes gallegos, nací en el corazón del barrio de San Telmo, Buenos Aires, Argentina, en la esquina de Balcarce y Chile, cuando ese barrio no tenía fama turística sino que hospedaba a miles de inmigrantes, especialmente gallegos e italianos. Me gusta siempre referirme a ese origen pues pocos comprenden cómo los inmigrantes en Argentina aceptaban vivir toda una familia en un cuarto de “conventillo”, alabando su suerte por tener trabajo, buena comida y excelente educación para sus hijos.

    Contrariamente a lo que sucede en muchas ciudades europeas en la actualidad con el hábitat de los inmigrantes, el barrio era tranquilo, ordenado y limpio. Recuerdo aún la reacción popular de pintar con cal viva aceras y frentes ante la epidemia de Poliomielitis que azotó Buenos Aires en los años 50. Existía la solidaridad y no he vivido episodios de robo o violencia.

    Imagen del Dr. José Martínez-Romero Gandos, psicólogo argentino, junto al psicólogo austríaco Viktor Frankl, creador de la técnica logoterapeutaEsa solidaridad puede ser ejemplificada con un episodio familiar de aquellos tiempos: el gobierno del General Perón racionó, en uno de esos años, alimentos y combustibles. Un “carbonero” gallego (comerciante en carbón y papas) nos traía en medio de la noche sacos enteros para saltar el racionamiento. Otro, kerosene para poder cocinar. Y no cobraban en exceso.

    El barrio era muy dinámico y no puedo precisar cómo ni cuándo aprendí a cantar tangos y alalás gallegos. Apartándonos de tópicos turísticos es cierto que en San Telmo se escuchaba mucho más la gaita gallega y el acordeón en manos de italianos,  nunca vi bailar a nadie un tango en la calle.

     

    Y allí, aunque estaban en el corazón del tango, ese San Telmo que recuerda a la Buen Ayre española y portuense… Seoane, Castelao, la aldea lejana… ese mundo gallego le permitía seguramente sentir la lejana tierra…

    Mi educación fue, desde la escuela primaria hasta la Universidad, realizada en escuela pública. La educación primaria fue excelente. Asistíamos hijos de gallegos, italianos, judíos y musulmanes (que llamábamos “turcos”). Todos éramos “argentinos” y no había conflictos raciales o culturales más allá de una broma común entre niños. Allí se fue gestando lo que en la Universidad aprendí de mi maestro en los libros, L. Binswanger, cuando decía que “patria es el encuentro con el otro, más allá del mundo, en el amor”.

    Simultáneamente, todos los niños participábamos de la cultura de nuestros padres en fiestas y actos por ellos organizados. Los gallegos constituyeron el mayor número de entidades de su colectividad que se recuerda en el mundo. En algún momento llegó a contarse más de setecientas agrupando emigrantes por parroquias o por provincias, culminando en el gran receptor de todos, el Centro Gallego de Buenos Aires. Argentina y Galicia, dos encuentros de amor con los otros a través de la cultura.

    Esa escuela secundaria y luego decidir qué carrera continuar… ¿Qué lo llevó a abrazar, con tanta pasión además, la psicología? ¿Dónde cursó sus estudios?

    El mayor logro que un inmigrante podía lograr en su vida en Argentina era que sus hijos estudiaran y llegaran al más alto grado posible en educación. Simultáneamente, había que trabajar. Yo lo hice desde los 10 años en el negocio de mi padre y a los 16 en una empresa. Pero era posible estudiar. Pensando en el futuro de trabajo, mi madre preguntó cuál era el mejor colegio en la ciudad para estudiar “comercial”. La respuesta fue “el Carlos Pellegrini” (estatal) y allí fui.

    Siendo un colegio dependiente de la Universidad de Buenos Aires de allí se salía con empleo seguro y muy buena formación para entrar, directamente, en Ciencias Económicas.

    Pero en el camino se torció el proyecto inicial. Las excelentes clases de Filosofía, Sociología y Psicología que se impartían allí decidieron mi vocación, firme por cierto, de seguir “Psicología”. No fue fácil convencer a propios y ajenos cómo un buen estudiante formado en las lides administrativas y comerciales se pasaba a “Humanidades”. ¿Y el futuro laboral?

    Hubo que preparar el ingreso en Filosofía y Letras ya que allí no era automático desde el Pellegrini. Corrían los años 60 y el profesorado era excelente. En mis encuentros actuales con Psicólogas y Psicólogos jóvenes, aún se asombran por las referencias que les hago sobre autores que fueron mis profesores, que ellos conocen a través de sus ya clásicos libros y teorías. La Universidad de Buenos Aires fue entre los años 60 y 76 un semillero de pensadores y profesionales, muchos de los cuales debieron exilarse por las subsiguientes y variadas dictaduras imperantes en Argentina.

    A pesar del largo puente cultural con Galicia, seguramente como nos ha pasado a todos los que estamos por aquí, poco podría imaginar que un día emigraría… con su brillante carrera que le lleva a la dirección de la Carrera de Psicología en la prestigiosa Universidad del Salvador. ¿Cómo se puede llegar a dejarlo todo?

    El Dr. Viktor Frankl, psicólogo argentino, en el encuentro de logoterapeutas en Méjico, año 2005Trabajé muchos años en hospitales de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. Tuve mi consulta particular en la que me dediqué a la Psicoterapia Grupal y de Familia, formando un equipo de colaboradores con los que aún estoy en contacto. Nunca pensé en “emigrar”. Siendo joven comencé a elaborar mi Tesis Doctoral que versaba sobre la inmigración gallega al Río de la Plata, analizada desde el punto de vista de la fenomenología Existencial. El trabajo me llevó a apartar el proyecto por años y retomarlo en los 90 ante la insistencia de colegas. En ese proyecto doctoral quería plasmar mi experiencia en el campo de la Psicología y en el de la Inmigración.

    Ya comenté mi relación desde niño con la Colectividad Gallega residente en Buenos Aires. Fui dirigente de varias de sus instituciones en simultaneidad con el desempeño de mi Profesión. El enorme desarrollo de la cultura gallega en la Argentina, a raíz de la censura impuesta a ella en origen por el gobierno franquista, me permitió acceder a ella y contactar con sus mejores representantes intelectuales y con el pueblo gallego emigrado.

    Vivíamos felices en Argentina y la familia creció sustentada por el mismo esquema con el que fuimos criados mi esposa y yo, también hija de emigrantes gallegos. Las visitas a Galicia fueron varias y mis hijos admiraban y compartían ambas culturas. Argentina y Galicia son para nosotros una unidad inseparable. Unidad que crea una identidad especial poco reconocida hoy en España.

    Pasamos muchos momentos duros en Argentina entre los años 1940 y 2000 de mi vida en ese mundo. Pero nunca pensamos en emigrar. Hasta que sonó el cuerno de la desocupación. Perdí mi cargo en la Universidad del Salvador y las cátedras que dirigía. Nadie puede dejar de lado al “homo faber” pero para los gallegos es crucial. No trabajas, no eres nadie.

    Empacamos objetos preciados de nuestra historia familiar (quince cajas) y la mitad de mi biblioteca (37 cajas). Obviamos la situación financiera, malvendiendo casa y bienes, y partimos urgentemente hacia Galicia, al origen, al encuentro con la otra parte de nuestra cultura. Mis hijos, adultos, también emigraron (¿retornaron?) pero por su propio proyecto.

    Parecía haber perspectivas serias de trabajo ofertadas por amigos pero la realidad supera la ficción y todo fue muy difícil al principio. Decidir emigrar es un acto de libertad que necesita de su contraparte, la responsabilidad. Si bien ser libre y responsable otorga las bases de un desarrollo futuro asumido viene luego el ajuste con la realidad.

    Aprovecho a preguntarle, ya que estoy con un especialista… Dr. Martínez-Romero, ¿Qué le pasó a la sociedad argentina en esos días oscuros del gran crack financiero? ¿Cómo aceptaron, entre otras cosas, que les impusieran un término tan positivo como “el corralito” a una situación tan negativa?

    Me parece que debemos apelar a la Etimología. “Corral” siempre da idea de encierro no natural. El diminutivo intenta peyorizar un poco ese encierro. La situación en esos días debe analizarse en cuanto a los niveles de corrupción. La confianza (confianza: fiarse del otro, tener fe, creer en lo que manifiesta) quedó anulada porque gobierno y bancos pensaron en su bolsillo y no en la gente. Tal como sucede en estos días en España. La gente del común no tuvo defensa, sí los bancos que se llevaron el dinero. Todos creían que si “depositaban en un banco con nombre americano” sus fondos estaban garantizados por la solvencia del banco en su país de origen. Y eso no era cierto. El Estado garantizó solamente un mínimo de los depósitos. Parecía un negocio. Pero fue una victoria “pírrica”.

    Muchas gracias Dr. Martínez-Romero. Continuamos la charla hablando de su etapa en La Coruña, Galicia en esta segunda parte de la nota que se puede leer pinchando en este título.

    Eduardo Aldiser

    Argentina al Mundo

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    Lista de comentarios

    HUGO RAMOS (YA JUBILADO) DE LA USAL ARGENTINA06/08/2014 06:40:56

    MUY BUENO FELICITACIONES DR. UN ABRAZOOOOOO

    Bernardo04/08/2014 03:15:53

    He leído José desde el ámbito de la psicología y como persona, y ambas facetas debo decir que es un ser humano y profesional excepcional. En sus ideas escritas y expresadas verbalmente siempre nos deja un aprendizaje que lo caracterizan por ser un buen educador. Tengo en mis planes traerlo algún día al Caribe, específicamente a Santo Domingo, para que comparta sus conocimientos sobre la logoterapia de nuestro inolvidable Viktor Frank... Un abrazo desde Quisqueya...

    maria elena03/08/2014 18:22:20

    felictaciones
    Fui una de las personas privilegiadas de haber conocido y formar parte de sus terapias grupales e individuales durante mi formación como estudiasnte
    Su modelo dejo una impronta muy marcada en mí que aún hoy llevo y forma parte del sentido de mi vida personal y profesional.En la actualidad gracias a internet seguimos en contacto. Me considero discipula.Felicitaciones Jose!

    Sabela Baña18/10/2011 10:10:42

    Me parece genial la labor de José Martinez-Romero Gandos

    La CHICHI13/10/2011 20:41:35

    Esta muy bueno el reportaje . No me sorprende , por que me es bien conocida la historia personal, pero adhiero al comentario de Carmen , que es ilustrativo para otras personas interesadas en el tema.

    Carmen12/10/2011 20:47:03

    ME ENCANTO. Me parecio muy valioso y significativo todo. Mi sensación es una buena revisión del pasado en Argentina y las propuestas para la mejora de situaciones desde tu trabajo de alli. MUY LiNDAS FOTOS. “ Carmen

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