• Argentina Mundo - Ernesto Guevara, El Che - Sus tangos favoritos

    Desde Vigo, en esta Galicia, noroeste de España, Lois Pérez Leira nos acerca en tres capítulos su relato sobre aspectos íntimos en la vida del Che Guevara sobre quien ya tenemos publicado  Un tal Ernesto Rafael Guevara. Aquel empleado de Vialidad Provincial en Villa María, Córdoba

    El Che: Tango, mate y poesía

    En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado el tango seguía siendo la música popular más escuchada y bailada de la Argentina. En el hogar de los Guevara era la música que  mas gustaba. Aunque también en esa casa  de clase media alta, el jazz y la música clásica estaban entre las músicas favoritas. Era por la radio que los compases del dos por cuatro sonaban a diario. Ernestito desde niño fue acostumbrado su oído a esta música tan porteña, nostálgica y poética. En su juventud a pesar de que se consideraba a sí mismo como un pata dura para el baile y con un oído muy malo para la música, le gustaba tararear los tangos de la época.

    Hilda Gadea y Ernesto Che GuevaraCuando nace en él su interés por la poesía, comienza a valorar las letras de tango, por su valor poético. Como su voz era desafinada, en vez de cantarlas comenzó a decirlas en vos alta, casi declamándolas. De esta manera se fue aprendiendo de memoria muchísimas canciones y también poesías como el Martin Fierro, que según sus allegados se lo sabía recitar de memoria. El ahijado de Ernesto, Alfredito Gabela quien paso su niñez en la casa de los Guevara cuenta que ninguno de  la familia había salido bailarín, en esa casa comenta, la preocupación eran los estudios que realizaban todos los hermanos. Aunque los temas obligados eran los políticos y los vinculados con la literatura agrega Gabela.

    Sobre su interés literario, la primera mujer de Guevara, Hilda Gadea señalo en su libro de  memorias: “Tenía un largo conocimiento de la poesía latinoamericana y recitaba con facilidad versos de Neruda, al que mucho admiraba. Entre sus poetas favoritos estaban Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado, Gabriela Mistral, Cesar Vallejo, algunos argentinos como José Hernández, del que sabía de corrido todo el Martin Fierro, Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Alfonsina Storni y las uruguayas Juana de Ibarbourou y Sara de Ibáñez

    Cuando Guevara pasó a la clandestinidad en México, para evitar ser  nuevamente detenido, una vez por semana visitaba a su mujer e hija. Ese día le dedicaba el máximo de tiempo a su hijita Hildita, que en esos momentos tenía ocho  meses. La propia Hilda Gadea nos recuerda una anécdota: “Ernesto, cuando estaba cansado de leer, la alzaba y le recitaba cualquier cosa, en vos alta para que yo también la oyera desde el sitio donde me encontrara…Recuerdo que interrumpía a veces la recitación y la niña gritaba y lloraba hasta que el volvía a recitar. Cuando lo hacía no se olvidaba nunca la poesía de Machado, dedicada a Lister.”

    Ernesto comenzó a trabajar en el Hospital Central del Distrito Federal, en el departamento de alergología. Con los médicos amigos del trabajo, resolvieron organizar un partido de futbol,  de solteros contra casados. Al final para festejar  se comerían un buen asado, que lo prepararía el propio Ernesto. El médico argentino  se había ganado entre sus colegas, la fama de buen asador. El evento gastronómico se realizo en la casa quinta del ex presidente mexicano Emilio Portes Gil, quien hizo matar un novillo para hacer a la brasa. En la residencia del ex presidente  a las afueras de la ciudad, se improviso en el parque, una cancha para la disputa futbolística. Emilio Portes había invitado para esta actividad lúdica, a otros amigos personales para disfrutar del futbol entre amigos y  de un buen asado al estilo argentino.

    Ernesto Che Guevara en Méjico con su hija Hilda en brazosAl terminar de comer comenzaron los brindis y las felicitaciones para Ernesto, por el asado que había realizado.  Con varias vivas para el asador, Ernesto ese mediodía se había convertido en la figura de la alegre y entonada reunión. Entre los presentes se encontraba un cantante chileno que había llego a México, con el fin de darse a conocer. Se llamaba Luis Enrique Gatica Silva, “Lucho Gatica”, que sabiendo que al doctor Guevara le gustan los tangos, le dedica varios de ellos. En aquel mediodía donde el vino y el tequila inundaban todo aquel ambiente fraternal, Lucho Gatica estrenaría las canciones que luego triunfarían en México: "No me platiques" y "Tú me acostumbraste"

    “Le gustaban los tangos, -nos sigue contando Hilda-  aunque no supiese distinguir la música, admiraba mucho a Gardel. Un día me dijo: “Daría una mano para conseguir tocar la guitarra”. Me puse a reír y hacer bromas: “Te faltaría la mano para tensar las cuerdas”, le dije en medio de risas. Como no conseguía entonarlos, me recitaba algunos de los tangos. Terminaba siempre con El día que me quieras, que me había recitado en Guatemala cuando nos enamoramos…Como había estudiado de pequeña un poco de piano un día Ernesto apareció con un regalo: una guitarra…”.

    Y esta historia continúa…

    Lois Pérez Leira
    Otras notas del autor:
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