• Fútbol argentino. Todo pasa, comenta Omar Maneh desde Rosario

    Este artículo firmado por Omar Maneh ha sido publicado en el Diario La Capital de Rosario, decano de la prensa argentina. De entrada nos dice que... "En su bunker del tercer piso de la Asociación del Fútbol Argentino, Julio Grondona, su eterno presidente, exhibe un cartel que reza "Todo Pasa". También luce la misma sentencia en un grueso anillo".

    Todo pasa

    Por Omar Maneh, Rosario, Argentina

    En su bunker del tercer piso de la Asociación del Fútbol Argentino, Julio Grondona, su eterno presidente, exhibe un cartel que reza "Todo Pasa". También luce la misma sentencia en un grueso anillo. Parecería, por el lugar destacado que le destinó su dueño, que la frase sintetizara un modo filosófico de entender los vaivenes de la vida, aunque, según su aclaración, tiene que ver con el faraón Ramsés II, a quien su asistente le advirtió sobre un posible problema de mujeres por celos, en su harén, que le ocasionaría trastornos al mujeriego monarca, quien por toda respuesta le replicó: "Todo pasa".

    La historia de Grondona es la de cualquier hombre hecho a sí mismo, un "self made man", como dirían los americanos. Hijo de un padre conservador, completó su ciclo secundario en un colegio jesuita, hombre de amores largos, orgulloso de estar casado con Nelly, la misma mujer desde hace casi 60 años. Fue fundador del Club Arsenal, que presidió durante dos décadas hasta 1976, aunque su corazón pertenecía a Independiente de Avellaneda. Y en 1979 llegó a la AFA.

    A lo largo de estos 32 años Don Julio —o el Tata, como lo llaman ciertos periodistas obsecuentes— fue coronado con nueve elecciones, la última por unanimidad, el martes 18 de octubre, en una escandalosa jornada en la que se impidió la presencia de dirigentes de diversos clubes del interior del país que pugnaban por participar en la elección y cuyo número superaba a los reunidos en el tercer piso de la calle Viamonte.

    Durante el último gobierno militar Grondona se encaramó en la AFA, conviviendo en lo que poco a poco sería su reinado con los distintos comandantes-presidentes que se sucedieron. Ellos, como él, sabían que el fútbol, el más cautivante y pasional deporte del mundo, aportaría la necesaria cuota para entretener a una población que muy pronto comenzaría a conocer lo que durante el Mundial ´78 era noticia en Europa y un secreto a voces entre los más informados de la Argentina: los delitos de lesa humanidad de esa feroz dictadura. Con un perfil de hombre bonachón y sencillo se convirtió en protector de infinidad de clubes a los que asistió económica y financieramente.

    Su paternalismo fue requerido y valorado por dirigentes adictos a su política prebendaria, que recibían para ellos y sus esposas generosas invitaciones all inclusive para cada campeonato mundial durante toda su duración. Cambiaban los presidentes, los ministros, los interlocutores válidos con que contaba en cada gobierno, pero su poder se mantenía incólume. Visceral y sanguíneo, no tuvo reparos en mostrarse discriminador a la hora de opinar cuando le preguntaron por qué no había árbitros judíos: "Los judíos no llegan a ser árbitros de primera en la Argentina porque el mundo del fútbol es algo difícil, trabajoso, y a los judíos no les gustan las cosas difíciles".

    Se alió y se enfrentó con los grupos que disponían no sólo las transmisiones sino hasta el fixture de los torneos. Firmó contratos que llenaron las arcas de Torneos y Competencias e impedían ver los partidos más importantes a quienes no pagaban el servicio codificado, despertando la suspicacia de beneficiarse personalmente por tales negocios, hasta que, según sus declaraciones, la codicia del grupo hizo que acordara conjuntamente con el gobierno el ya instalado "fútbol para todos". No bien se implementó el nuevo sistema, concedió un reportaje al diario Perfil donde explicó: "Es un mérito total de la presidenta. Y me consta. Le pedimos la audiencia, nos atendió, sabía por qué íbamos y lo primero que dijo fue que si se podía hacer tuviésemos cuidado de no dejar a gente sin trabajo y que los partidos los pudiera ver todo el mundo. ¿Cuál es la solución? Búsquenla". Le preguntaron si es cierto que ella le dijo: "Si yo le doy los 600 millones que la AFA necesita, ¿no me va a usar a mí para ir a mejorar la oferta con Clarín?", Y él respondió: "Es cierto".

    Apenas terminada la última elección que lo mantendrá en el cargo por cuatro años más partió a Zurich, sede de la Fifa, de la que es vicepresidente y en la que ocupa la ambicionada presidencia de la Comisión de Finanzas y el Consejo de Mercadotecnia y Televisión de la misma entidad, a pesar de no contar con un título que lo habilite en las lides económicas, de marketing o de TV. "De economía no sé nada, pero sí sé de comprar y vender", dice cuando le preguntan cómo puede, empíricamente, estar al frente de la cartera cuyos negocios superan al presupuesto de muchos estados. Su destino en la Fifa era la presidencia. Así lo quería su amigo el brasileño Joao Havelange, el anterior titular, a la que no pudo acceder por no saber hablar en inglés.

    ¿Qué poder tiene este hombre que acaba de cumplir 80 años? ¿Cómo sorteará el cúmulo de información que lo vincula a cuentas en el exterior que, de comprobarse, sería pasible de un juicio por malversación? ¿Qué entidad le dará la justicia a las confesiones vertidas en una reciente cámara oculta? Tal vez todo esté, como siempre, en sus manos o en las de sus amigos en el gobierno. Todo dependerá de si es más fuerte su aserto —"Todo pasa"— o su contracara: "Todo llega".

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