• Psicología argentina - `Femicidio´ de Bibiana Degli Esposti

    Esta profesional argentina de Santa Fe con décadas de carrera realizada en Madrid, España, donde además preside la Casa Argentina de Madrid, ha publicado este artículo el 5 de febrero 2012 en el diario entrerriano UNO  Entre Ríos que se edita en la ciudad de Paraná. Lo reeditamos en dos capítulos por su interés y aporte sobre un tema candente, visto desde la faceta del psicoanálisis.

    "Femicidio"

    De
    Bibiana Degli Esposti
    1) Cuando los prejuicios lo impregnan todo 


    Llevo años leyendo, trabajando, denunciando este drama. Llevamos  años conversando en equipos multidisciplinares sobre el riesgo evidente que proviene de la lectura repetitiva de casos y más casos, de gran parecido, de igual drama. El riesgo de que a los profesionales se nos haga una cicatriz tal que nos haga parecer improductivo seguir trabajando.

    Cuando se lee la prensa, cuesta. Pero no es motivo.

    Trabajar clínica y teóricamente con este problema nos enfrenta a un nivel de angustia que señala la importancia suprema que tiene la formación de los profesionales y el psicoanálisis de los practicantes. No hay manera de que no produzca daño si no trabajamos en condiciones, en equipo sí, pero en condiciones, con recursos adecuados para realizar la tarea.

    Como muestra, algún que otro botón.

    Cuando damos una conferencia, una mesa redonda y denunciamos esta lacra, no hay vez que no surja alguno o algunos que digan, “y qué pasa cuando es la mujer la victimaria.” Y siempre hay alguien en el público dispuesto a entrar al trapo, a desvirtuar lo que estamos diciendo. No falla. Es increíble y es cierto.

    Es tan evidente que cuando una mujer mata a un hombre, no lo mata por ser hombre sino por ser ese hombre,  que una se pregunta, ¿cómo se puede entrar al trapo? Cómo se puede comparar eso con el hecho de que maten mujeres acá y allá sólo por el hecho de ser mujeres. Y sin embargo, lo sabemos, ocurre sin parar. ¿Cómo puede compararse que haya mujeres asesinas con la idea de que una mujer siempre es pasible de ser maltratada, quemada viva para que aprenda?

    Siglos de patriarcado. Años denunciándolo pero mientras los prejuicios y la impunidad reinen, eso no cesa ni cesará. Como nadie puede decretar el fin de los prejuicios ya que muchas veces se te denunciará como injerente en la libertad de pensamiento, lo que cabe hacer tiene que venir por otro lado, tiene que hacerle obstáculo por las vías donde los prejuicios no resisten. Insisten pero no aguantan el trabajo acordado, coordinado y liberado de creencias.

    Donde la mano no puede temblar al hilo de los prejuicios, es en la ley, en su aplicación. Donde no se puede parar de denunciar es en la educación, única vía aunque sea a larguísimo plazo, de enseñar a pactar. Es cierto, la violencia no dejará de existir por mucho que eduquemos más no por eso dejemos de educar.

    Donde no debe reinar el prejuicio es en la política, en las medidas con que se enfrenta este tema. Ley y presupuesto, porque ley sin presupuesto ES PREJUICIO, es pensamiento animista, porque pensar que porque la ley existe hace efecto, es como pensar que porque una botella de alcohol anda cerca, los microbios no se van a acercar. Sin embargo, sin ley tampoco había nada que hacer. En ese filo nos movemos.

    La sociedad no cambia por la existencia de ley. Y a la vez, si la sociedad no hubiera cambiado bastante, jamás hubiera habido ley, legislación que penalice lo que siempre ha pasado por una tragedia, por un hecho natural, por un hecho de la vida privada en la que no se puede hacer ninguna entrada.

    Bibiana Degli Esposti, psicóloga argentina residente en Madrid. También hay prejuicios en el modo de leer las noticias y las cifras. Por ejemplo en una nota aparecida en Clarín (12-1-12) leemos:
    “Sofía y Silvina fueron asesinadas el 1 de enero de 2011 y abrieron la lista de un año negro: 282 fueron las víctimas de la violencia de género en todo el país. Fueron 22 más que el año anterior. Y muchas más que en 2009, cuando las muertes sumaron 231, según el Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”.

    “La Oficina de Asistencia a la Víctima, que depende del Ministerio Público Fiscal porteño, también refleja esa realidad. Allí, en un año se duplicaron la cantidad de mujeres que llegaron pidiendo ayuda . Si en noviembre de 2010, la OFAVyT atendía 356 casos, en el último mes de octubre tuvieron que auxiliar a 715 personas. A lo largo del último año, la Oficina atendió 6.667 casos, orientando y acompañando a las víctimas durante todo el proceso judicial.”

    Luego unos renglones más abajo reconocen que en realidad no hay cifras coordinadas a nivel nacional. Si no hay tal coordinación, es absurdo en el mejor de los casos y tendencioso en general, decir que hubo más o menos, signos que no sirven si no es para mediciones reales y no para sensaciones de la temperatura social. Hasta que no se las cuente una a una, y de modo coordinado, no hay manera de saber nada. Aunque parezca mentira, hay muchos países, de los llamados civilizados, en los que no se cuenta las víctimas.

    Y también es de lo más tendencioso insinuar que cuando se denuncia aumentan los casos, como si hubiera contagio. Si no los denuncio con su nombre y no los tipifico como delito, pasan por accidentes domésticos, por desgracias familiares, por crímenes pasionales, por cualquier cosa que desdibuje lo que es, un femicidio, en este caso que comenta Clarín, una madre y una hija que fueron apuñalada la una y degollada la otra por marido y padre respectivamente.

    Tampoco es lo mismo leer aumento de número de muertes con aumento de número de denuncias, porque en todo caso lo segundo indica un éxito en las políticas de sensibilización social y el trabajo sobre la importancia de no sellar pactos de silencio, pactos familiares que impiden denunciar.

    El femicidio ni es natural ni es privado. Es cultural: el patriarcado es su causa, y es social porque una sociedad no puede quedarse mirando cómo matan a sus mujeres como si de cuestiones individuales se tratase. Ese es un doble prejuicio muy difícil de combatir pero imprescindible hacerlo si queremos avanzar con lo que ya sabemos, con lo que ya estudiamos y aprendimos.

    El campo de la prevención es el único que puede hacerle límite a este drama social. Y conviene recordar que, siendo un drama social, se materializa en cada caso, en cada casa familiar donde, toda la prensa lo dice, las mujeres adultas y las niñas corren más riesgo que en la calle. Con este aspecto del caso a caso, entramos en la clínica.

    En la segunda parte hablaremos de: "Hacia una clínica menos tonta"

    Bibiana Degli Esposti
    , Psicoanalista. Madrid, España, 2012

    La imagen que abre esta nota pertenece también al artículo publicado en UNO Entre Ríos

    Argentina Mundo con la aportación de los profesionales argentinos en España, Europa, el mundo

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    Lista de comentarios

    atilio enrique15/03/2012 16:04:21

    El problema es educativo y comenzó a recrudecer desde el siglo pasado, cuando llevó a emplazarse una cultura uniformita, igualitarista, cambalacherista etcétera que no hizo más que apostar a una creciente promiscuidad social, a rotulo de igualdad de oportunidades. Se esforzaron en desconocer la diferencia espiritual y/o cultural, como mejor se advierta, entre la mujer y el hombre. Basta con mirar las preferencias de elección dentro de la sociedad de uno y del otro, para darse cuenta que la empecinada compulsión de fincar una conducta indiferenciada y/u heterogénea lleva al desafío de un genero contra el otro cuando ambos deben integrarse

    José Martínez-Romero Gandos13/03/2012 12:46:31

    En Galicia estamos trabajando en un Programa de Asistencia a Víctimas de Violencia de Genero y Doméstica, bajo la dirección del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia, unos 80 psicólogas y psicólogos. Dos argentinos entre los integrantes. Es útil el artículo por los conceptos y por las cifras de la violencia que no resultarán tales en un estudio serio. Serán mayores. Viajé a Buenos Aires el año pasado para presentar un trabajo en el Congreso Argentino de Salud Mental sobre violencia contra la mujer y allí comprobé que carecen de información, formación y ayuda institucional adecuadas. Esperaremos el próximo capítulo. Gracias.

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